Ayer salí con mis alumnos al campo, en una práctica que realizamos siempre en estas fechas y en la cual recordamos lo visto en las clases teóricas y prácticas, dando una visión lo más general posible e intentando resolverlas dudas o cuestiones que se puedan presentar a lo largo del día.
Pues bien, este día nos salió el tiro por la culata. No quiero decir que la excursión no nos fuera bien en el aspecto docente, sino que no pudimos completarla por diversos problemas y ello me enfadó muchísimo.
En primer lugar, se estropeó un autocar, de los dos que llevaba;bueno,según me dijeron, pues yo no entiendo ni papa de mecánica, explotó una suspensión. ¡Vaya susto, lo primero y, después, el problema que se nos podía plantear para trasladar a los alumnos de regreso.
Según los conductores, quitando la bombona de gas, podíamos seguir despacio. Así lo hicimos, pero yo iba un poco asustada por la responsabilidad que supone para mí llevar 95 alumnos.
Lo cierto es que no hubo ningún contratiempo y pudimos llegar al lugar donde parábamos para comer.
Por la tarde debíamos seguir para subir a un puerto, donde completaríamos la salida al campo.
Otro contratiempo.En primer lugar, había niebla y no podíamos ver todo lo que deseaba que mis alumnos viesen y, además, con el autobus en esas condiciones, aunque me juren y perjuren que no pasa nada, yo mo estaba dispuesta a correr ningún mínimo riesgo.
Así que complete la salida en el lugar donde comimos y regresamos a casa, sanos y salvos, pero con un pequeño susto y un gran enfado por mi parte, ya que se toció, en parte, nuestra salida anual.